Era una lóbrega noche, gélida, hacía un silencio inquebrantable, una angustia densa y un desgano incesante; él caminaba con su soledad, no miraba hacía ninguna parte y a todas al mismo tiempo, su mirada era profunda, profundamente perdida, perdida en el infinito e infinitamente desorbitada. Caminaba raudo por entre parajes para cualquiera desconocidos en medio de esa oscura noche, para cualquiera era sólo un individuo más, un individuo más era cualquiera para él, no, no es así; para casi todos era un individuo más, excepto para uno, uno cualquiera, pero no era cualquiera para quien todos eran cualquiera, para él. Llevaba prisa sobre los hombros, sobre los mismos también un negro suéter. Casi corría, casi caminaba , el suelo casi no sentía su presencia, la presencia de algún peligro no le importaba, le importaba sólo llegar, llegar pronto y prontamente tomó un taxi, le dijo al taxista su destino. Ni una palabra más se escuchó en la noche. Emprendieron el viaje, se notaba turbado, con una preocupación inenarrable. Prontamente estaban en el destino, en el destino el sacó dinero de su bolsillo, pagó al taxista que no tenía cambio, pero que importaba, prontamente debía llegar. Llegó y ya era tarde, pero no lo suficiente, subió las escaleras y golpeo a la puerta, la puerta fue abierta por una lánguida silueta, la silueta dijo: pasa-. Él sólo entró y dijo: perdón.
domingo, 7 de marzo de 2010
Noche Lóbrega
Era una lóbrega noche, gélida, hacía un silencio inquebrantable, una angustia densa y un desgano incesante; él caminaba con su soledad, no miraba hacía ninguna parte y a todas al mismo tiempo, su mirada era profunda, profundamente perdida, perdida en el infinito e infinitamente desorbitada. Caminaba raudo por entre parajes para cualquiera desconocidos en medio de esa oscura noche, para cualquiera era sólo un individuo más, un individuo más era cualquiera para él, no, no es así; para casi todos era un individuo más, excepto para uno, uno cualquiera, pero no era cualquiera para quien todos eran cualquiera, para él. Llevaba prisa sobre los hombros, sobre los mismos también un negro suéter. Casi corría, casi caminaba , el suelo casi no sentía su presencia, la presencia de algún peligro no le importaba, le importaba sólo llegar, llegar pronto y prontamente tomó un taxi, le dijo al taxista su destino. Ni una palabra más se escuchó en la noche. Emprendieron el viaje, se notaba turbado, con una preocupación inenarrable. Prontamente estaban en el destino, en el destino el sacó dinero de su bolsillo, pagó al taxista que no tenía cambio, pero que importaba, prontamente debía llegar. Llegó y ya era tarde, pero no lo suficiente, subió las escaleras y golpeo a la puerta, la puerta fue abierta por una lánguida silueta, la silueta dijo: pasa-. Él sólo entró y dijo: perdón.
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¿Y de quién era esa silueta?.
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